domingo, 1 de abril de 2012

Odilon Redon: "El cíclope"

En una famosa pintura de tema mitológico, Odilon Redon ilustra la importancia de la instrospección como vía de conocimiento y fomento de vida. En la pintura "El cíclope" (1898-1900), el artista francés Odilon Redon abordó el mito griego de Polifemo y Galatea. Teócrito, poeta griego antiguo, trató este tema en dos bellos poemas en donde nos cuenta como Polifemo se enamoró de la nereida Galatea. 


Sin embargo, ella rechazó los favores del cíclope para amar a Acis, un pastor de Sicilia. Furioso, Polifemo luchó con Acis y acabó con su vida arrojándole una filosa roca. Galatea, desconsolada, rindió tributo a su amado forjando con su sangre un río al que nombró “Acis”. De esta manera, el joven pastor devino en un dios río.

En su pintura, Odilon Redon representa al cíclope colosal mirando a escondidas a la hermosa Galatea. El enorme ojo del Cíclope parece contemplar a Galatea con inmensa devoción. Sin embargo, más que bucólica, la escena está imbuida de una atmósfera pesadillesca e inquietante. Es interesante comparar esta versión del tema con la más romántica que hace otro estupendo artista, Gustave Moreau.

La mirada interior

De acuerdo a las teorías del simbolismo, Redon buscaba, en obras como "El cíclope", explorar los espacios interiores del ser humano y no tanto aproximarse a la realidad de una manera directa. El propósito principal de Redon, era hallar una vía de manifestación artística que fomentara una introspección reflexiva por parte de los espectadores de sus obras. Redon estaba convencido acerca de la existencia de una visión interna que con la cual podían obtenerse detalles de la psique profunda y plasmarlos en pinturas rebosantes de imaginación y originalidad, con temáticas oníricas y fantásticas. Su estilo puede relacionarse con los de artistas como Rouault, Bonnard, Denis, Valloton y el gran Matisse.

El desafío gestador

Se puede esbozar una lectura alternativa de "El cíclope" de Odilon Redon, considerando lo siguiente. De acuerdo a la tradición, el ojo simboliza la percepción interior, pero también la omnipresencia y la vigilancia divina. La bella Galatea, una nereida, una ninfa marina, al exponerse desnuda, alude a la verdad y a la pureza. Su virginidad refiere también a posibilidades por realizar. Otro elemento importante es el de la formación rocosa, especie de montaña, en donde descansa Galatea. Las montañas simbolizan la unión de la tierra con el cielo, la vegetación de esta montaña, refiere a la unidad de todos los seres vivos. Ahora bien, Galatea parece estar dentro de la tierra, como si estuviera a punto de nacer del seno de su madre. Y finalmente Polifemo también parece estar observando, como en abierto desafío, al contemplador de la obra.

Conquista de la belleza

De tal suerte que, en "El cíclope", Redon parece reflexionar en torno a la ambigüedad de esa visión interna, capaz de explorar los misterios más hondos de la realidad. Es una facultad preciosa, sí, pero, en cierto punto, eso mismo que se analiza se violenta, y pierde mucho de su encanto. El mundo se gesta en la pureza de Galatea, en la contemplación interior, pero la imperiosidad de Polifemo no debe afrentar ese tesoro de vida espiritual. Una alternativa nos la ofrece el propio Polifemo, en su mirada franca al espectador: asumir el rol de Acis, y persuadir a la naturaleza fecunda- Galatea- para que nos obsequie con belleza y conocimiento, a través de la experiencia estética. Tal desafío del cíclope, simboliza el magno reto por una vida llena de sabiduría.



Enlaces relacionados con este post

Gustave Moreau: "Hércules y la Hidra de Lerna"

John Henry Fuseli: "La pesadilla"

Frida Kahlo: "Lo que el agua me ha dado"